El post de hoy va a ser un poco escabroso y no apto para los caguetas que luego tienen miedo cuando van por la casa a oscuras. Así que avisados estáis! Luego no me vengáis reclamando. Hoy vamos a hablar de las animitas. “Es habitual ver en el paisaje construcciones a las orillas de las carreteras o en ciertos puntos de la ciudad. Muchas veces con forma de pequeñas iglesias o templos. Son las famosas animitas, que nacen como una forma de expresión popular, tanto para recordar a los seres queridos que han muerto en alguna circunstancia trágica como para la fe del pueblo.” Tengo que decir que la primera vez que yo vi una, creí que era una caseta que habían puesto para los perros abandonados que deambulan por el país (eso será motivo de algún post) y cuando lo conté a los compañeros de trabajo se meaban de la risa. Luego me hicieron ir a dejar una pequeña ofrenda para así apaciguar al espíritu ofendido.
Existen variados estudios de disciplinas que abarcan desde la antropología, folclor, sociología, arquitectura y urbanismo sobre el tema. Uno de ellos es el realizado por Oreste Plath, folclorista especializado en este tópico, que distingue algunas características de las animitas:
1.- Se trata de un monumento funerario que honra a un difunto, pero que no contiene sus restos mortales, que descansan en el cementerio. Por este motivo, es que se rinden respetos al “ánima” o “animita”, lo que bautiza a esta costumbre.
2.- La mayoría de las causas del deceso es una “mala muerte”: una enfermedad devastadora o un evento trágico, generalmente relacionado a hechos de sangre (asesinatos, accidentes de tránsito, atropellos,etc)
3.- La ubicación de la gruta o templo a menor escala no es exclusivo de carreteras, pues también se les encuentra distribuido por las ciudades, incluídos sus cementerios
4.- La creencia popular indica que las animitas conceden favores y deseos, los que deben agradecer en la colocación de una placa (generalmente métalica o cerámica) o el pago de una manda, que consiste en poner velas durante un tiempo determinado en la “animita”
En función de la zona del país, las animitas tienen una forma y características diferentes:
En el Norte (regiones Arica y Parinacota, Antofagasta y Atacama),
las construcciones suelen ser de una envergadura monumental, relacionado al viento y aridez de la zona, es decir. Por esta razón comúnmente se pueden encontrar animitas-templo que albergan otras en su interior.
En la zona Centro (regiones Coquimbo, Valparaíso, Metropolitana y de O’Higgins), el autor indica que las edificaciones son más pequeñas, pues las condiciones climáticas son más favorables, lo que brinda una mayor solidez y mantención. En estas regiones las animitas tienen una fuerte presencia urbana.
En el Sur (regiones de La Araucanía y Los Lagos),
al igual que en el centro, las animitas suelen tener una envergadura pequeña; esto también guarda relación con las fuertes lluvias, humedad y vientos que caracterizan al clima.
Tal vez la “animita” más famosa a nivel nacional es la de “Romualdito” en Santiago, que tiene muchos fervientes adeptos por su historial como santo del pueblo: un “milagrero”. En Estación Central en Santiago, específicamente a un costado de la estación de ferrocarriles. Varios metros de pared ocupan las placas agradeciendo o pidiendo favores desde 1930. Es tal el seguimiento hacia él que pese a las remodelaciones, la estructura no se ha tocado. Pero ¿a quién pertenece este albergue?

Animita de Romualdito
Cuenta la historia que en la calle San Borja de Santiago fue asaltado hace más de 50 años Romualdo Ibáñez, un hombre que llegó a la capital para tratarse la tuberculosis que lo aquejaba. Aquel día salía convaleciente de un centro asistencial caminando con dificultad hacia su casa. En ese momento, mientras pasaba por Estación Central, un grupo de hombres lo asaltaron, y asesinaron en el costado poniente junto a un muro. Sin embargo, son varias las versiones que se comentan en torno al origen de esta “leyenda”.
Suele ser común ver botellas de agua colocadas alrededor de las animitas. El porqué de ésta tradición es un layenda que se remonta al S.XIX en la vecina Argentina:
Deolinda Correa, más conocida como la “Difunta Correa”, era una mujer proveniente de San Juan, que estaba casada con un soldado que defendía la causa revolucionaria de apellido Bustos. Cuando a él lo llamaron para ir reclutada a la Fuerza de la Rioja, no tuvo alternativa y debió partir, a pesar de que estaba muy enfermo.
Ella, por su parte, no soportó que su marido se fuera en esas condiciones y decidió seguirlo. Tomó a su hijo y siguió las huellas de los soldados en la montaña. Después de mucho andar y cuando estaba a punto de morir sedienta, cayó sobre un pequeño cerro y murió. Más tarde, arrieros que pasaban por ahí la encontraron junto a su hijo aún con vida, amantándose de los pechos de su madre.
Los hombres cuidaron al niño y sepultaron a la madre cerca del Cementerio Vallecito, en la cuesta Sierra Pie de Palo. Una vez que se supo la historia, comenzaron a peregrinar al lugar miles de personas al lugar, y cada persona iba, le dejaba una botella con agua, para que del más allá ella les cumpliera diferentes peticiones.
Tal fue la popularidad que alcanzó el relato, que la historia se propagó por Argentina, Bolivia, Perú y Chile, especialmente por la Patagonia, lugar donde se cree que incluso, fue un hecho local.
Es por ello, que cientos de transportistas a lo largo del país, suelen dejar botellas de agua en las animitas, en un intento de aplacar la sed y la agonía que sufrió esta mujer al morir. Y aunque muchos lo hagan sin saber la historia, la tradición obliga a los camioneros a dejar botellas, para que los difuntos los protejan en el camino.
Si alguno quiere profundizar un poco más en éste tema, os dejo dos links (uno y otro) a unos blogs dedicados a éste tema (mira que hay gente friki). Felices sueños….